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"El mundo moderno no será castigado; es el castigo"

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Una de cine clásico

Posted by Proyectos LIJO en 3 mayo 2010

Hace un tiempo que quería hablar de esta peli, y voy a aprovechar que otros ya han escrito sobre ella, para copiar lo dicho.

La película es del año 1942, es de Carlos Arévalo y se llama “Rojo y Negro” Una delicia del surrealismo español, prohibida (Por falangista) a las 2 semanas de su estreno, y redescubierta después, en la década de los 90.

Os dejo el texto que, sobre el filme en cuestión, ha escrito Arturo Pérez Reverte:

LA PELÍCULA MALDITA

Hace dos semanas prometí hablarles de Rojo y negro, una de mis películas españolas favoritas. Así que anoche puse el deuvedé –una copia de relativa calidad, semipirata, que no se encuentra fácilmente– para admirar de nuevo esa historia sombría y dura, hija bastarda del cine franquista, estrenada en 1942, demolida por la crítica oficial y retirada después de sólo tres semanas de cartelera para verse enterrada en el olvido. Hasta que, cincuenta años más tarde, la Filmoteca Española localizó una copia polvorienta en un sótano de Madrid.

Rojo y negro tiene un valor histórico extraordinario. Es la única película sobre la Guerra Civil hecha desde un punto de vista inequívocamente falangista –su director, Carlos Arévalo, lo era–. Y trata de las actividades clandestinas en el Madrid republicano de la contienda. Se trata de una película pionera, pues en ella aparece por primera vez el concepto de resistencia en una ciudad ocupada por el enemigo. Resistencia antimarxista, en este caso; pero no inferior en interés ni en realidad histórica, como señalan lúcidos críticos e historiadores del cine, a la resistencia antifascista que después nutriría innumerables películas francesas, inglesas, norteamericanas, alemanas, rusas o polacas. Insólita en su ejecución, técnicamente osada en algunas escenas –esos planos de la checa de Fomento abierta como el 13 de la Rue del Percebe–, modernísima para su tiempo, cuajada entre el neorrealismo italiano, el cine de vanguardia soviético y simbólicos toques surrealistas, Rojo y negro cuenta la sombría historia de una joven falangista, soberbiamente encarnada por la mítica Conchita Montenegro: un personaje alejado de los arrebatos patrioteros, grandilocuentes e histriónicos habituales en la cinematografía del Régimen. Luisa, la protagonista, es sobria, dura, trágica, cínica, valerosa y desesperanzada. Y con fría decisión desciende a los infiernos. Eso la convierte en una heroína atípica para el cine español de su tiempo, donde lo correcto eran abnegadas madres y esposas que, desde el cristiano hogar, alentasen a los hombres a inmolarse en las diversas Cruzadas habidas o por haber.

Hay otro aspecto crucial, falangismo radical aparte, por el que la película no satisfizo el Régimen. Aparte de su tono seco, nada ampuloso y en absoluto marcial, evita caer en el simplismo estúpido del que ni siquiera se libran las películas que hoy se hacen sobre la Guerra Civil: la exaltación del bando propio y la caricatura del adversario. Sádicos nacionales de gafas oscuras y brillantina en las películas de ahora, y malvados rojos, tabernarios y brutales, en el cine de antes. Inexactos, incompletos y maniqueos, todos ellos. Aquí, sin embargo, los republicanos que encarcelan y fusilan son individuos normales, creíbles, con motivos para hacer lo que hacen. Con toques de humanidad e ideología propia: como cuando el jefe de los milicianos dice que, si hubiera llevado medalla religiosa al cuello, al llegar a la edad de la razón se la habría quitado. O cuando el miliciano violador de Luisa –soberbia escena, resuelta con dos planos del rostro de la Montenegro– actúa bajo el resentimiento de haber sido engañado, y porque está borracho.

Pero aún hay más, en esta película asombrosa y compleja para quien se enfrente a ella con lucidez, sin estereotipos de buenos y malos: la crítica feroz a los contemporizadores, a los que miraban para otro lado. Al egoísmo de la derecha burguesa y capitalista, incluida sin reparos entre los principales responsables del conflicto. Sin olvidar el retrato, atrevidamente surrealista, de una clase política ciega que divide a los españoles, llevándolos a una matanza atribuida con mucha ecuanimidad al «odio y desconocimiento mutuo». Paradójicamente, la derecha conservadora queda peor que el bando contrario: cuando los oradores de izquierdas agitan al pueblo, éste se muestra como pobre, oprimido, inculto y desesperado. Eso enlaza con los personajes y actitudes de los milicianos que aparecerán después. Y si no los justifica, los hace creíbles. Humanos.

Como se decía en otros tiempos, Rojo y negro es una película para que la disfruten espectadores formados, prevenidos de lo que ven y en qué circunstancias se hizo: capaces de hacer la lectura adecuada, situando en su contexto histórico y social esta narración extraña e inquietante, donde la estremecedora secuencia que precede al final –el actor Ismael Merlo vagando entre los cadáveres de los fusilados en la pradera de San Isidro– nos sumerge, más que ninguna de las muchas películas realizadas sobre aquella tragedia, en la noche oscura de nuestra Guerra Civil.

XLSemanal, 18 de Abril de 2010

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“Up in the air” (Arriba, en el aire)

Posted by Proyectos LIJO en 28 febrero 2010

De la nueva peli protagonizada por George Clooney, (Que no es solo ídolo de señoras y señoritas por su insiscutible elegancia, sino un buen actor) y dirigida por Jason Reitman (Gracias por fumar, Juno) se puede decir que es una buena película. Cine independiente de calidad, bien narrado y con las peripecias cinematográficas justas para hacer del film una película adecuada para las salas de cine.

Rian Bingham, trabaja en una empresa en la que, paradójicamente, se vive de despedir a los empleados de otras empresas. Además, es un conferenciante asiduo en diferentes foros, en los que diserta sobre la conveniencia de vivir con lo exclusivamente necesario en lo material y sin compromiso alguno en lo personal: ni familiar, ni amoroso, ni social…

Su trabajo se desarrolla en cualquier parte de los USA, a los que se desplaza en avión. En esos lugares, se ocupa de mandar al paro a los empleados de las diferentes empresas en crisis (grandes o pequeñas) a los que los propios empresarios no se atreven a enfrentarse.

En uno de esos vuelos conocerá a una mujer, en principio tan libre de compromisos como él. La llegada de una joven y nueva empleada a la empresa de despidos, sumado a la boda de su hermana pequeña a la que hace años que no ve, le harán remover su conciencia para cambiar de actitud.

La película es un retrato perfecto de la deshumanización del sistema capitalista imperante, donde el trasfondo de los vuelos, los aeropuertos y los hoteles de lujo, no son más que el atrezzo en el que la historia de fondo se refugia.

Sin duda una buena película que merece la pena ser vista: sin violencia, sin escenas subidas de tono, y con todo lo mejor de un cine bien hecho.

Os la recomiendo.

Cartel de la película.

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