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"El mundo moderno no será castigado; es el castigo"

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Apicultura

Posted by Proyectos LIJO en 7 marzo 2011

Me pide Juanpa, un buen amigo periodista que se ha embarcado en la aventura de una nueva vida en Brasil, que le envíe algo para publicar en el medio en el que está trabajando. La revista se llama “Mon Quartier” Y en ella ya se han publicado asuntos sobre Palencia (Si pinchas sobre el enlace, en las páginas 24 y 25 hay un artículo muy bueno). El texto que le he enviado, y que él tiene que estractar y corregir a su gusto, es el siguiente:

“Tenía apenas 12 o 13 años, cuando mi padre, trabajador incansable que como todo un hombre nacido y criado en el campo es un apasionado de la naturaleza, adquirió su primera colmena. Yo, el 4º de 5 hermanos, tenía la edad ideal para acompañarle hasta Villapún, pueblo de la comarca palentina de La Vega, cercano a su capital, Saldaña, donde un compañero de trabajo de mi padre le dejaba una parcela en barbecho, junto al río Carrión y los rocos pastos de prados verdes y floridos. Era el lugar ideal para comenzar a experimentar con la vida de estos animales. Traje y ahumador eran mis herramientas, pues era mi padre el que abría y manipulaba los panales y las abejas.

La ilusión y el amor de mi padre por este animal en particular, se l había contagiado un fraile dominico de la residencia que esta orden tiene (o tenía) en Mejorada del Campo, Madrid, bastantes años antes, cuando mi padre acudía a ayudar en las labores de mantenimiento de un edificio grande . Era una época en la que el pluriempleo estaba en liza, pues con un solo sueldo se podía vivir pero no ahorrar.

No pasó mucho tiempo hasta que una solo colmena se hacía poca labor para dos hombres, un padre y un hijo, que deseaban seguir aumentando la cabaña. Mi padre se puso en contacto con un antiguo amigo que tenía una huerta con una caseta en el término de Villadavín, también junto al curso del río Carrión, pero más al sur, cercano a la capital de la provincia. Allí se pusieron otras 5 colmenas hasta un total de 6, que nos permitieron cosechar nuestro primer centenar de kilos de miel. Pasaron unos años, yo fui creciendo y mi vida me llevó a estudiar a Madrid primero, para acabar trabajando en San Sebastián. Eso no fue impedimento para que los fines de semana y las vacaciones los dedicara en parte a seguir con la apicultura, a descubrir las demás materias que producen las abejas: polen, jalea, cera y propóleo completan un catálogo de dones que la naturaleza nos cede con tan solo un poco de empeño. La formación en métodos de trabajo a través de una muy bien organizada Asociación Palentina de Apicultores, la visita a ferias de apicultura y el aprovechamiento de nuevas herramientas y útiles de trabajo para facilitar la labor, también tuvo su momento. Y así surgió más adelante la posibilidad de adquirir dos colmenares bien dotados de material y colmenas en una inmejorable zona de esta provincia, la comarca de El Cerrato. Allí, el romero le pelea el terreno a los pinos y los robles, el agua de manatial fluye fresca en fuentes naturales y flores como el tomillo, el espliego o el diente de león le confieren a la miel unos aromas únicos en España y en el mundo. Los cultivos de los labradores de la zona, como el girasol o la colza y el afán trabajador de una animal imprescindible para el equilibiro del biosistema, aumentaron la producción hasta límites no conocidos antes por nosotros. Una tonelada de miel de apenas 35 colmenas es mucha miel.

El tiempo ha ido pasando, y a mi padre se le va apagando la vida muy poco a poco, por esa enfermedad cruel y lastimera llamada Síndrome de Alzheimer. Dos años después de la última cata, las colmenas estaban abandonadas. Gracias al esfuerzo de mi hermana Guadalupe, mi cuñado Ignacio y el mío propio, hemos conseguido salvar nada menos que 15 enjambres más o menos bien poblados, recolocando y adaptando la explotación a nuestro saber y necesidad. Este año esperamos sacar una nueva cosecha de miel, aunque solo sea para consumo propio, además de seguir con el empeño que mi padre empezó hace casi 20 años (¡como pasa el tiempo!) y procurar que una actividad tan bonita, agradecida y dulce, no se pierda después de tanto esfuerzo.”

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