Sin permiso, por favor.

"El mundo moderno no será castigado; es el castigo"

No me gusta (Esta) la navidad

Posted by Proyectos LIJO en 3 enero 2015

La capital de Perú se empieza a vestir de sol después de varios meses en los que el tiempo hace honor al sobrenombre que recibe Lima “la gris” para los amigos. Es raro pasar una navidad a temperaturas que superan fácilmente los 20ºC y en la que no hay turrones, mazapanes, peladillas, mantecados, polvorones, pan de cádiz… Aquí lo más, y adoptado de Italia, el pannetone o panetón es la norma. Con chocolate aguado, por favor. La venta incontrolada de petardos y fuegos artificiales ha dejado estos días más de una decena de mutilados y un muerto,y entre la nochebuena en la que los cerros de los conos sur y norte se iluminan durante varios minutos con el dinero de la paga extra de navidad, y la nochevieja en la que se comen uvas sin campanadas y se echan los restos en cohetes de todo tipo, hay una especie de personas que luchan a contracorriente defendiendo la salud de sus mascotas. Algún perro salió en las noticias, dicen que muertos por infartos y sustos a causa de tanta explosión y pólvora. Supongo que los perros valencianos, como los caballos de los antidisturbios de la policía, estén ya acostumbrados a tremendo ruido.

Pero no es eso lo que no me gusta. Las tradiciones varían dependiendo de la zona del mundo en la que estemos. Eso es normal y no me sorprende. Las uvas, para no perder la costumbre, las comía a las 6 de la tarde frente al canal internacional de TVE, viendo a Ramón García canoso y con capa, y a la incombustible Anne Igartiburu sin una sola arruga, ni en la cara ni en la voz. Reconozco que incluso me emocioné un poco cuando Ramontxu dijo aquello de “saludos a todos los que estáis fuera por unas razones u otras”

La navidad en Perú es, como dice mi amigo Cándido, una falsedad. Es hoy una fiesta pagana que ha olvidado lo que significa de verdad esta fecha. Ni la iglesia católica, ni los cientos de iglesias y sectas cristianas son capaces de repeler una costumbre que, aquí al igual que en el resto del mundo, es una guerra entre la verdadera celebración y el impulso neoliberal del consumo masivo y vacío de significado. Esta guerra, que nadie se equivoque, la gana cada año, en Perú y en España, el segundo de los rivales. Odio esta navidad.

Odio la navidad de la comparación entre vecinos por ver quién es el que más luces pone en su casa. Odio las colas infinitas de la tiendas y el gasto superfluo en petardos, cohetes y fuegos artificiales, incluso en lugares en los que la gente no tiene casi ni para comer. Odio la hipocresía y el cinismo de saludar sonrisa en ristre felicitando, hoy, las fiestas, y pasar mañana delante de mí sin ni siquiera mirarme. Odio a esos medios de comunicación que se deleitan en lanzar mensajes que nada tienen que ver con la llegada del Salvador. Odio que me obliguen, casi, a tener que entrar en esa espiral si es que no quiero sentirme fuera de onda. Odio los árboles llenos de publicidad de grandes empresas que no cumplen ni uno solo de los preceptos de aquel por quien se celebran las fiestas.

La navidad debe volver a tener el sentido que tuvo cuando éramos niños, cuando era más importante el amor que el dinero. Por mi parte así será. No me veréis en ese círculo consumista.

Feliz 2015.

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