Sin permiso, por favor.

"El mundo moderno no será castigado; es el castigo"

Inmigración en tiempos de crisis.

Posted by Proyectos LIJO en 8 mayo 2010

Ni “progres” ni “neocon”, ninguno de ellos son un dechado de virtudes sociales y éticas. Los primeros presumen de proteger al más débil, y sin embargo, llegados los tiempos de vacas flacas, se pliegan a los intereses de ese dictador en la sombra, de esa “mano invisible” , al que llaman “Mercado” y aludiendo a argumentos meramente mercantilistas (Valga la redundancia) se deshacen de los mismos a los que decían proteger.

En este sentido, el semanario “Alfa y Omega” publica esta semana un artículo, que copio por su interés y con el que estoy de acuerdo:

http://www.alfayomega.es/revista/2010/688/06_aquiahora1.html

Su título: “YA NO TE NECESITO” (muy elocuente)

Para ofrecer seguridad a una Europa resquebrajada por la crisis, los Gobiernos se empeñan en luchar contra la inmigración irregular, blanco mucho más fácil que reconocer los propios errores que han llevado al continente a la ruina. Blindar las fronteras, endurecer las leyes de inmigración, utilizar a las personas como mano de obra cuando se las necesita, e invitarlas a marcharse cuando no, son las consecuencias directas de la sociedad mercantilista que invade Europa. El Papa Pablo VI se adelantaba a la actual situación en la encíclica Populorum progressio: «No insistiremos nunca demasiado en el deber de hospitalidad -deber de solidaridad humana y de caridad cristiana- de los países que acogen a extranjeros». Y es que, algunas veces olvidamos que, nosotros, también fuimos inmigrantes




¿Nos hemos preguntado alguna vez por qué emigran las personas de sus países de origen? Dejar atrás una casa, una familia, unas costumbres… no es fácil para nadie. Y se convierte en una prueba de fuego si el país al que un emigrante llega, cargado de valentía e ilusión por forjarse un futuro, tiene una visión puramente mercantilista y le trata bien o mal dependiendo de si necesita mano de obra barata, o no. Hace menos de tres años, con el boom
La consecuencia es que, en estos momentos en España, hay tres millones más de extranjeros que en el año 2005, según datos del padrón municipal que recoge el INE. Ya en el año 2009, no lo tenían tan fácil, por lo que la inmigración frenó, de manera considerable: del 15,5% en 2007 , al 1,1% en 2009. A pesar de ello, de cada 12 personas que viven en el territorio español, una proviene del exterior.
Son tres millones de personas para los que, ahora que sobran, se han recortado los presupuestos en un 41%, con un Gobierno que se deshace en eslóganes de política social. Y no sólo salen perdiendo en esto: el Ayuntamiento de la localidad barcelonesa de Sant Andreu de Llavaneres utilizará el padrón para denunciar a los inmigrantes en situación irregular. Ahora bien, el alcalde, Bernat Graupera, de CiU, ha precisado que, antes de aplicar la medida, se estudiará muy bien cada caso. También en Cataluña, el Ayuntamiento de Vich quiso limitar el empadronamiento de inmigrantes en situación ilegal para salvar la ciudad, tal y como defendió su alcalde, Josep Maria Vila d’Abadal.
Ambas son muestras claras de la reducción del ser humano por mero utilitarismo. Cáritas alerta sobre esta situación, recordando que el acceso al padrón es la puerta de entrada al ejercicio de una serie de derechos que la ley reconoce, con independencia de su situación administrativa. «Si la realidad de la desigualdad social se agudiza a causa de la crisis económica, no es por culpa de la población inmigrante», señala un comunicado de la organización, emitido ante el intento de ocultar a las personas sin papeles, tras la polémica de Vich. «Con estos mensajes, lo único que conseguimos es sembrar la semilla de la xenofobia y el racismo en nuestros barrios y comunidades», señala Cáritas.
inmobiliario y la apoteosis de la hostelería, nos hacían falta. Por eso se puso fácil la entrada. Ahora que la crisis económica se está cebando con nuestro país, nos sobran, porque son una carga. Así que se lo ponemos fácil para que no vengan más y para que, los que están, se marchen.


La Constitución española reconoce los derechos de todas las personas que viven en España, sean o no extranjeras; derechos como la educación para los menores de edad, el derecho de reunión, manifestación o huelga… que la Ley de Extranjería del año 2000 restringió. Una Sentencia del año 2007, del Tribunal Constitucional, declaró que la Ley de Extranjería no puede restringir derechos que la Constitución ya reconoce. La última reforma de la Ley ha recogido lo dictado en la Sentencia, aunque, como sostienen algunas organizaciones eclesiales como la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), se ha aprovechado para limitar mucho el ejercicio de los derechos de las personas inmigrantes.
Una de las modificaciones se ha realizado en el ámbito de la reagrupación familiar. Por una parte, se permite trabajar a las personas que están aquí agrupadas, pero se ha limitado con los ascendientes: han de ser mayores de 65 años; además, la persona que vive en España tiene que tener la tarjeta de larga duración y justificar las razones por las cuales quieren traer a sus padres. Para Esther, abogada experta en materia de extranjería, es una medida con «un margen utilitarista: el que es joven, trabaja y cotiza, es bienvenido. Si no, no».
Otro de los puntos que se han reformado es el que atañe a la violencia de género. Cuando una mujer va a denunciar a Comisaría un maltrato, corre el peligro de que le inicien un procedimiento de expulsión, si no consigue una Sentencia de malos tratos. «Es muy difícil conseguirla; se necesitan muchas pruebas», afirma Esther. Lo bueno: que si la consigue, la mujer tendrá permiso de residencia y trabajo.
La abogada reconoce que el endurecimiento de las medidas se ha incrementado, sobre todo, en las sanciones a las personas que no tienen los papeles en regla. «Hay que recordar que no han cometido un delito, sino una falta administrativa», señala Esther. «En España, si cometes un delito, no tienes antecedentes penales y la pena es de menos de 2 años, no vas a la cárcel. Es una paradoja que una persona que sí ha cometido un delito no pise la cárcel, y una que no lo ha cometido, pueda estar hasta 60 días internado en un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros)». Se incrementan las sanciones y se aumentan las redadas en locutorios, bocas de Metro de lugares con una amplia representación de población inmigrante e, incluso, en corrillos en la calle. Paula, experta en trabajo con inmigrantes, afirma que el objetivo es «meter miedo para que, cuando llamen a sus casas, digan que la situación está muy mal y no vengan más».
¿Y por qué los dejaron pasar, en su momento? «Porque, para el Gobierno, es más barato que vengan mujeres internas a cuidar de niños y mayores que construir guarderías o centros de mayores. Es muy triste pensar que, para que la mujer española se emancipe, otra mujer tiene que dejar su propia familia», denuncia Paula. Y todavía no ha llegado el problema mayor: se está esperando el Reglamento que determine la nueva reforma de la Ley, que será el que endurezca la situación muchísimo más.
El problema principal al que se enfrenta Esther, en su asesoría jurídica gratuita, es la falta de empleo: «Están desesperados, porque no pueden volver a casa ni vivir aquí. Los programas de retornos voluntarios tienen muy poco presupuesto y es muy difícil entrar en esos programas». Además, regresar no es tan fácil: muchas de las personas que han llegado hasta aquí dejan atrás una deuda o a un pueblo entero que se ha volcado. No pueden volver fracasados.
Frente a esta situación, las organizaciones eclesiales como Cáritas o la HOAC denuncian la mirada mercantilista: «Antes, necesitábamos trabajadores; ahora, sobran personas». De hecho, el 13,1% de la población inmigrante gana menos de 600 euros mensuales; y el 21, 17% está en el paro, frente al 12,46% de los españoles. El descenso en el bienestar se traduce, entre otras cosas, en un hacinamiento en las casas -hasta el 10% viven con más de 7 personas-.
Ya lo decían los obispos españoles, al término de la Asamblea Plenaria de noviembre de 2009, cuando todavía se estaba tramitando la Reforma: «Pedimos un trato humano y solidario con los emigrantes, pues la recién aprobada Ley de Extranjería restringe derechos que afectan decisivamente a su dignidad como personas».

Que el capitalismo es un sistema atroz, en manos de no más de 400 o 500 personas en todo el mundo, y que “beneficia” a no más de 500 millones, es algo que cada vez menos gente duda. El tema de la inmigración, siendo un problema que requiere de soluciones que vayan más allá de la mera acogida, es un ejemplo claro de lo inhumano del sistema que, le pese a quién le pese, es el causante del mayor genocidio de la historia de la humanidad. Cierto es que es un genocidio relativamente silencioso, aunque también tenga sus métodos de exterminio inocultables.
“progres” o “neocon”, ninguno de ellos tiene legitimidad alguna para hablar de libertad o de derechos humanos, mientras que no se deshagan de sus ataduras con el “mercado”, y cominecen a aplicar medidas de desarrollo real, que eviten el drama de la emigración forzada.

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